Este material tiende a facilitar la discusión sobre algunas cuestiones básicas relacionadas con la construcción de una organización en general, siendo un aporte para orientar las discusiones. Por ello no está demás recordar algunas reglas básicas y elementales que son indispensables para avanzar en cualquier discusión: DISCUTIMOS LO POLITICO: Las cuestiones personales interesan sólo si tienen implicancia política. Pretendemos ser una organización política, no un grupo de amigos que se junta para “ver que puede hacer”. RIGUROSIDAD EN EL LENGUAJE: Es necesario ser lo más rigurosos posible en el uso del lenguaje. No serlo, nos lleva a confusiones y dificulta que nos entendamos. CUIDARNOS DE LAS “INTERPRETACIONES LIBRES”: Hay que evitar poner en boca de otros algo que no dijo. Las “interpretaciones libres” no ayudan a una sana discusión. NO EXTRAER CONCEPTOS O AFIRMACIONES FUERA DE CONTEXTO. Cuando esto ocurre, implica desatención o incomprensión de lo que se discute (en el mejor de los casos), hasta mala fe, en el peor. FUNDAMENTAR LAS OPINIONES: Hay que fundamentar siempre las opiniones más aún cuando implican situaciones o hechos que afectan a compañeros o a la organización. Lo contrario es impunidad. RESPETO POR EL COMPAÑERO: Pasa en primer lugar por respetar el ámbito y el uso de la palabra. Lo que tengo que decir, lo digo en el ámbito que corresponde. Las interrupciones son válidas si son cortas y pertinentes. RESPETAR LOS TEMAS: No “salirse” de un tema ni pasar de un tema a otro. Esto indica desatención hasta “escaparle” a un tema en el peor de los casos. No ayuda a ninguna discusión pasar de un tema a otro sin agotar el que se discute o mezclar varios temas porque así no terminamos resolviendo ninguno. DISTINGUIR LO PRINCIPAL DE LO SECUNDARIO: Implica distinguir qué es lo importante y qué es lo accesorio, qué es lo urgente y qué lo necesario en cada tema, para centrarnos en lo que verdaderamente nos interesa. LA ORGANIZACIÓN EN GENERAL: Es importante primeramente discutir qué es una organización en general, para después –aclarado bien esto—centrarnos en cuál es la organización que queremos construir, lo cual implica darle varias “vueltas” más al tema. Esto es así porque hay reglas básicas que son comunes a la construcción de cualquier organización --desde una sociedad de fomento a un club de barrio-- que están contenidas en la organización que queremos construir, pero que no son únicas. Las que “le agreguemos” en el curso de la discusión política, va a ser lo “distintivo” de la organización que queremos construir, lo que la va a hacer distinta de las otras y le va a dar identidad propia. Insistimos entonces en algunas premisas que son propias de toda organización: La primera condición para la formación de una organización –de cualquier organización— es que exista el convencimiento de su necesidad. Esta condición es excluyente pero por sí sola insuficiente dado que también es necesario tener la voluntad de construirla. Estar convencido de su necesidad, implica tener
suficientes motivos o razones que determinan ese convencimiento, los cuales suelen no ser los mismos para todos. De esa diversidad de motivos “nace” la primera contradicción que afronta cualquier organización dado que esta contradicción es sólo posible resolverla posteriormente, en el curso de la misma práctica. Estar convencido de la necesidad de construirla, implica conocer y compartir las diferencias que existen con las organizaciones existentes, pues de otro modo simplemente nos sumaríamos a ellas. Implica también poner ese objetivo por sobre todas las dificultades (objetivas y subjetivas) que esa construcción supone. Tenemos ya entonces algunas definiciones: Una organización se construye para satisfacer una necesidad.
Esa necesidad no puede resolverla otra organización existente, al menos de la manera que nosotros pensamos debe resolverse.
Debe existir la voluntad y el convencimiento de construirla. Ahora bien. En la construcción de cualquier organización, constatamos además (empíricamente) lo siguiente:
1) La construcción de una organización es siempre producto de una minoría. Esto implica tener en claro los distintos niveles de compromiso: están los que en la construcción ponen parte de su esfuerzo y los que ponen todo, los que “acompañan” y los que se desentienden. Esto es así, porque los pueblos no están constituidos por héroes sino por hombres comunes, la mayoría de los cuales no está dispuesto a luchar por cuestiones que vayan mucho más allá de sus necesidades inmediatas. Quienes participan en la construcción de una organización no son en consecuencia “personas comunes” sino personas dispuestas a luchar por algo que va “un poco más allá” de sus propias necesidades o lo que es lo mismo, para satisfacer sus necesidades necesitan juntarse con otros. La necesidad de una organización (es decir de “organizarse” para algo) es por eso mismo, siempre producto de una minoría. Esto no significa abandonar, contener o no tener una política para los otros, lo cual además de ser otro tema, implica en sí mismo como condición excluyente la existencia al menos embrionaria de esa organización, dado que de otro modo ese objetivo sería apenas una manifestación individual.
2) Su construcción es un proceso contradictorio (interno y externo) dos planos diferenciados pero estrechamente ligados entre sí. Esto implica tener claro que una organización se construye en base a contradicciones y en tal sentido puede afirmarse que una organización perdura cuando es capaz de sintetizar y superar sus propias contradicciones. Este proceso (contradictorio) tiene dos aspectos dominantes: la depuración y la regeneración de sus integrantes. El primero tiene relación con las necesidades propias de la organización y las que ésta va asumiendo como consecuencia del proceso del que forma parte, tanto en lo interno como en lo
externo. En cualquiera de esos dos planos existen necesidades diferentes (internas y externas) que no todos sus integrantes alcanzan a comprender o están dispuestos a realizar. Hay compañeros que sirven para una etapa pero que no pueden (o no quieren) comprometerse con otra etapa diferente. Asumir y resolver esta contradicción es parte del proceso de “depuración” mencionado. La “regeneración” –en cambio-- es el proceso inverso: es la capacidad que tiene una organización para incorporar y promover a niveles de mayor responsabilidad a aquellos que se destacan en su construcción. Esto incluye desde “meter adentro” a los que “están afuera, hasta la promoción de aquellos de menor responsabilidad que demuestren ser merecedores de tal confianza.
3) Lo que define el estancamiento, el retroceso o el crecimiento de cualquier organización son los aciertos ó los errores que surgen de su práctica. Este punto tiene directa relación con la práctica. Las “diferencias” en la construcción de una organización se manifiestan –como en cualquier otro orden-- primeramente en las cuestiones prácticas, luego en las políticas y finalmente en lo ideológico. La resolución de esta contradicción debe encararse en un proceso que va desde los niveles de mayor responsabilidad hacia los niveles de menor responsabilidad, en una escala de mayor a menor exigencia, bajo el principio –salvo que se pruebe lo contrario—de que son contradicciones no antagónicas, que deben resolverse mediante la discusión y la práctica. Por esto mismo, que una organización crezca o se estanque es en primer lugar un problema de resolución colectiva y de responsabilidades compartidas, que van siempre de mayor a menor, bajo el criterio de que los aciertos no son eternos y los errores deben corregirse.
4) Ninguna organización se construye al margen de las posibilidades que determina la realidad sobre la que opera. La realidad, es la que nos da la pauta de las posibilidades que tiene construir una organización con un fin determinado y es la realidad la que nos da una primera respuesta sobre esas posibilidades. Por ejemplo es imposible construir una organización para la defensa de los discapacitados en una zona donde no hay discapacitados. Que las posibilidades se amplíen o achiquen es algo que tiene que ver con la práctica y las propuestas. No hay que confundir las propuestas que tiene una organización hacia “adentro” (que siempre serán más duras y exigentes), con sus propuestas “hacia fuera” que son las mismas, pero más flexibles. Esta contradicción tampoco puede ser antagónica: una organización no puede ser “dura” hacia adentro y “blanda” hacia fuera, sino que ambos espacios deben complementarse. En otras palabras: la “dureza” de un planteo o de una construcción en su núcleo de mayor responsabilidad no debe confundirse con la flexibilidad que es necesario tener a medida que se desciende en la “pirámide” de compromiso y de responsabilidades, la cual debe ser directamente proporcional al nivel de las
responsabilidades asumidas. La “flexibilidad” a su vez, no debe confundirse con planteos u objetivos diferentes.
5) Toda organización –aún la más “horizontal”—es siempre una construcción vertical en el sentido de que sus iniciativas no son entendidas ni ejecutadas por sus miembros con la misma convicción y eficacia. Este punto nos remite a la legitimidad de las responsabilidades asumidas, lo que sólo es posible mediante la verificación de las prácticas individuales y del conjunto. Dicho en otros términos: la “pirámide” que naturalmente se forma en toda organización sólo es válida cuando está legitimada por el compromiso, la capacidad y la acción.
6) Toda organización tiene reglas. Finalmente este punto nos remite a la aceptación y el respeto de ciertas reglas sin las cuales no es posible construir nada. Las reglas tienen dos características: las escritas o las que se acuerdan previamente y aquellas tácitas que tienen que ver con el respeto mínimo que debe existir entre dos o más personas que se juntan para construir algo. . Todas estas cuestiones no pueden estar desligadas del contexto en que se aplican, o sea, no pueden verificarse en abstracto. El saldo negativo o positivo que surja de cada situación dependerá fundamentalmente del grado de consolidación interna que se alcance. Por último la construcción de una organización lleva implícita la voluntad no sólo de “bancarse” las contradicciones propias de su construcción sino también la voluntad de poner lo colectivo por sobre lo individual, el NOSOTROS por sobre el YO, el todo por sobre las partes.
En suma: la construcción de una organización implica en la sociedad un salto cualitativo en razón de que se trata de un intento por construir una herramienta colectiva “más consciente” capaz de protagonizar un papel determinado en procesos anteriormente espontáneos e individuales. Para nada constituye un fin en sí mismo, sino que por el contrario es apenas una herramienta que tiene que servir a un objetivo determinado y que por tanto, deberá modificarse cuando los objetivos perseguidos se modifiquen o cambien. Estas aclaraciones elementales tienden a poner UN LÍMITE a lo que consideramos la organización, más allá de lo cual existen los adherentes, simpatizantes, aliados, etcétera. Si lo que pretendemos construir es una organización política, el hilo común que debe atravesar todas nuestras respuestas, debe ser precisamente la política. Y esto es lo que nos permitirá discutir con mayor claridad cuál es la organización que queremos construir, la que contendrá –reiteramos-- todos los ingredientes y pautas propias de cualquier organización, más todas aquellas que se agregarán en el curso de su práctica y que harán de ésta, una organización diferente de las restantes.
Ramón Torres (Mendoza- Setiembre 2003)
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